¿Qué importará quién pierde o gana, si nunca nos jugamos nada?

A veces siento que paso por la vida sin apenas pisarla. Tengo un miedo que no comprendo a romper cualquier cosa que no pueda reemplazarse. Tengo un miedo constante e ilógico a las cosas que no comprendo… como esas veces que espero que des un paso que tu nunca das. Y, sin embargo, cuando no lo espero… la mayor de tus zancadas la das en mi dirección.
Me aburre casi todo lo que hago y, lo que no, me resulta complicado. Lo único que sé con certeza es que no quiero responsabilizarme de nada. No quiero tener que encontrar respuestas a un montón de preguntas complicadas que, en realidad, no me importan. No quiero preocuparme de los asuntos de otros por una nómina a fin de mes. A veces creo que cualquier cosa sencilla y rutinaria me serviría para juntar mi pequeña fortuna. Otras, me veo olvidándome de todo y esquivando sus intentos de convertirme en una persona más.
Quiero salir corriendo cuando me dices que tendré que trabajar a jornada completa. Cuando me hablas de responsabilidades y horarios. Cuando veo que esto nunca se acaba y parece que todos mis futuros son inciertos. Y se me tambalea, mientras tanto, la vida. Y todo, absolutamente todo, se tiñe de imposibilidades. Y, aunque salir corriendo es mi única opción, mis piernas están tan quietas que me siento paralizada. La mitad de mí misma cree que no tengo más opciones y no se atreve a renunciar.
Quizás sea mejor tener un futuro hecho a jirones de lo que otros crearon para ti que no tener nada. Quizás, solo es una posibilidad, sea mejor pasar por la vida sin pisarla demasiado… sin hacer ruido y fingiendo ignorar todas las ganas que se te quedan atrapadas en los puños mientras luchan por salir.
Y no jugarse nada… no tener la opción de perder porque tampoco existe la de ganar. Dejar pasar las horas, los días, los años… Dejar que todas tus decisiones esten tomadas de antemano. Y no preocuparse, no complicarse, no intentar de ser… porque siempre es más fácil dejarse llevar que tener que aprender a conducir.

Escuchando… Amaral