Lo que tenemos que aprender de las distopías

Dice Margaret Atwood en el prólogo de ‘El cuento de la criada’ que la intención con la que escribió su novela no era únicamente la de responder la pregunta esencial que toda distopía plantea: ¿Podría suceder aquí?, sino sugerir además que ya había sucedido en algún lugar.

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Una de las cosas que más me aterró al leer esta historia fue que no me parecía tan imposible. Ni siquiera me resultaba desconocida. Una obra publicada en 1985 a la que la actualidad ha terminado por poner de moda. Y no es el primer caso. A nadie le resulta extraño el mundo que plantea George Orwell en ‘1984′, novela publicada en 1948. La neolengua, la policía del pensamiento o cualquiera de sus frases están hoy día de rabiosa actualidad. O, ¿acaso podemos negar que quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro?

¿Es casualidad que todas las distopías se cimenten sobre los mismos pilares? Las distopías se nutren de la realidad. Utilizan el presente para advertir sobre el futuro. No nos cuentan nada que no haya sucedido ya. Es por ello que todas coinciden en cinco aspectos fundamentales: la uniformidad, la sexualidad, la colectividad, la vigilancia y la represión. De una u otra manera, estos cinco puntos son siempre controlados por el gobierno distópico de turno. Ya sea a través del miedo, como nos lo presentan Atwood u Orwell, o del adoctrinamiento y el condicionamiento, como imaginaba Huxley. 

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No es muy complicado encontrar ejemplos actuales que nos recuerden a lo planteado en estas distopías. Que las acerquen un poco más a nuestra realidad. A principios de año, Donald Trump se hacía con la presidencia norteamericana. Un individuo abiertamente misógino y machista, que realizó múltiples declaraciones sexistas durante su campaña al frente de uno de los países más poderosos del mundo. ¿Realmente es algo tan lejano de la Gilead que nos propone Margaret Atwood? Y, la pregunta más difícil, ¿tan improbable es pasar de una cosa a la otra?

Margaret Atwood lo tiene claro: “No se podía confiar en la frase: «Esto aquí no puede pasar.» En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar“. ¿Por qué no huyeron los judíos de Alemania cuando comenzó a fraguarse el nazismo? Porque no podían imaginar lo que estaba por llegar. Porque, aunque a medida que iban perdiendo derechos el futuro se volvía más oscuro, no podían creer que algo tan terrible fuera a suceder allí.

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Nadie puede imaginar algo así. Antes de que las fuerzas talibanes conquistaron Kabul, en la madrugada del 27 de septiembre de 1996, el 65% del profesorado, el 40% de los escolares y casi la mitad de los 7.000 estudiantes de la Universidad de Kabul eran mujeres. Ninguna podía imaginar cómo sería su vida después de aquel día.

 

Las distopías lanzan un mensaje de alerta. Nada es imposible, todo puede suceder. Vigila las señales, mantente con los ojos abiertos. Tu realidad es más distópica de lo que piensas. Ha pasado, está pasando y seguirá pasando si no haces nada. Si no lo paras a tiempo. Si no te rebelas. No permitas que te manipulen, no consientas que tu identidad se pierda, no tengas miedo. El conocimiento es tu mejor defensa. Busca la verdad y nunca te conformes con la suya. Aprende del pasado para entender el presente. Para cambiar el futuro.