Huecos

Se van a quedar conmigo los silencios. Los vacíos en los lugares que te contenían. Los huecos, todos los maditos huecos. Aquella tarde, la que por ignorancia dejé pasar de largo. O por miedo, no sé. Me aterran tanto los finales que poner el punto que los delimita me hace sentir un poco más segura. Como si así los hiciera míos o un poco menos definitivos. Ya no importa. Ahora está todo en una bolsa de basura negra. Una caja de madera caoba. Un piso vacío al que nadie quiere volver. Los huecos, joder, los malditos huecos. No es la pérdida, es la ausencia. No son las despedidas, es lo que queda después. Esa nada. Esa carencia. A veces pienso que mientras no me enfrente a tus huecos no te habré perdido. Estarás ocupando el espacio que te corresponde en mi cabeza. Y todo estará bien, todo seguirá en su sitio. Tú en el viejo sofá, yo en cualquier otra parte. Y la posibilidad de tenerte seguirá estando ahí, de algún modo. Como si no ver dónde me faltas te retuviera a mi lado inciertamente.