Café solo o con ella

Está a menos de seis pasos. Bella, misteriosa, esquiva, distante… tal como la recordaba, tal como siempre la soñó. Ajena a su presencia, como siempre, inmersa en su propio mundo. Sus ojos, sus manos, su pelo, sus labios… todo igual, pero distinto. Más cerca, más posible. Y toda esa vida de sentimientos mudos, de declaraciones de amor ensayadas frente al espejo, de búsqueda de encuentros fortuitos… toda esa vida persiguiéndola en su ignorancia, ahora pide su recompensa.

Se prepara para confesarle que siempre la ha querido, que para él nunca ha habido otra, que su rostro ha sido siempre su único destino. Avanza cinco pasos, sostiene su mirada, abre la boca:

– Un café, por favor.
– ¿Cómo lo quiere?
– Sólo.