Nolite te bastardes carborundorum


“Si no querían un ejército que no nos hubieran dado uniformes”

A estas alturas, quien no haya oído hablar de la serie revelación del año ha estado, como poco, en Gilead. Inspirada en El Cuento de la criada, de Margaret Atwood y producida por Hulu, “The Handmaid’s Tale” es, sin lugar a dudas, la mejor serie creada este 2017.

Tratándose de una distopía era evidente que yo no iba a dejar de verla, menos aún después de haber quedado absolutamente impresionada por la novela, en mi opinión una de las mejores distopía que he leído y una obra completamente imprescindible para cualquier amante de género. Y para cualquier persona que aprecie una buena lectura. Lo que hace Margaret Atwood con las palabras es pura magia.

Las expectativas eran, por tanto, muy altas. Es muy complicado hacer una adaptación de un libro con una capacidad de generar emociones tan fuerte como El cuento de la criada, un libro cuya lectura es capaz de angustiar al lector, de convertirle durante un instante en Offred y atraparle en la tiranía de Gilead. Hablo en serio cuando digo que leer este libro está a otro nivel. No recuerdo nada igual desde El país de las últimas cosas, de Paul Auster.

El listón era tal que, evidentemente, ese ha sido el primer problema que he encontrado en la serie: Elisabeth Moss no es Offred. Ojo, está soberbia. La interpretación que hace es perfecta. Su capacidad de transmitir con la mirada lo que su personaje tiene que callar es asombrosa, no me sorprendería nada que este año se llevara el Emmy a mejor actriz. De hecho, lo que realmente me extrañaría sería que se lo llevara otra actriz. No, sin duda el problema no es la interpretación de Elisabeth, que se merienda a sus compañeros de reparto (y eso que están magníficos). El problema es que la Offred de la serie no es la Offred del libro. Se parecen, pero se diferencian lo suficiente como para ser dos personas completamente distintas.

Mientras que en el libro nos encontramos con una Offred atrapada, que narra los acontecimientos con la pasividad de quien los sabe inevitables, que nos confina con cada palabra a esa jaula en la que la fertilidad ha convertido a su cuerpo, en la serie tenemos a una Offred combativa, atrevida, valiente. La Offred de la serie se resiste a su destino, utiliza su cuerpo para escapar del mismo, conoce sus armas y no duda en utilizarlas. Elisabeth nos ofrece una cara más amable de la realidad de Gilead. Una en la que es posible luchar.

Con un cambio tan significativo en la protagonista de la historia, es obvio que el resto de la misma sufre una modificación consecuente. The Handmaid’s Tale es un canto a la esperanza. Es una historia de lucha, de superación, de unión. Como dice la propia Moss en el último capítulo: “Si no querían un ejército que no nos hubieran dado uniformes”. Eso es la serie: una frase que jamás hubiera aparecido en la novela.

Para poder contar una historia así, el punto de vista intimista que utiliza Atwood en el libro no servía. El formato visual no puede recrearse en los monólogos internos de la protagonista, como sí puede hacerlo el libro (y de manera brillante). El espectador quiere acción, quiere que pasen cosas, necesita movimiento. Esa es la segunda gran diferencia de la serie respecto al libro: los personajes secundarios cobran mayor relevancia. El comandante de Joseph Fiennes quizás sea el personaje que más profundida gana con este cambio, seguido muy de cerca por la Serena Joy de Yvonne Strahovski. Estos dos personajes son utilizados por los guionistas, además, para contarnos lo que pasó antes de Gilead desde el otro bando. Quizás uno de los mayores aciertos de la serie, bajo mi punto de vista. La evolución del personaje de Serena Joy es quizás la mayor aportación de la serie a la historia. No me sucede lo mismo, sin embargo, con otros secundarios como Luke o Moira, que en mi opinión pierden bastante con el cambio y, concretamente en el caso de Luke, perjudican notablemente a la historia y al personaje de Offred.

Estos son probablemente los cambios más significativos de la serie. La ambientación, vestuario, localizaciones están muy cuidadas y perfectamente conseguidas. Se nota que Margaret Atwood ha estado implicada en el proyecto y sólo hay que echar un vistazo a su cuenta de Twitter para confirmar que la autora está más que satisfecha con el resultado.

Tras el capítulo 10, para mí la ruptura definitiva con el libro y, a la vez, el mejor de toda la serie, la historia se queda huérfana. El libro termina tal y como vemos en la serie, dejándonos de cara a la segunda temporada en manos de los guionistas.

Una serie que hay que ver, pero no antes de haber leído el libro.